Algeria / 27-10-2008
El Tsunami que no fue por Mannfred Gerstenfeld
Dicen que la crisis financiera es terrible, entonces dónde está la ola de antismieitsmo que tendría que seguirla? Un análisis económico del mercado mundial del odio puede explicar adónde fue a parar la mercadería antisemita.
Ya en los primeros días de la crisis financiera mundial, los diarios judíos escribían que se le iba a cargar con la culpa a los judíos. Como tradicionalmente resulta del pensamiento antisemita, a los judíos siempre se los identifica con el dinero. No escapa a ninguno de los cronistas que los principales socios de la banca Lehman Brothers, a la que la administración americana dejó derrumbarse, son de origen judío. También otros y muchos nombres judíos quedarán vinculados con la crisis, según los pronósticos de los periodistas. En una entrevista privada, uno de esos periodistas se expresó en forma por demás inteligente, respecto de que el mundo finanjciero es un tanto de difícil comprensión para el “observador común”, cosa que proporciona la oportunidad perfecta para acusar a los judíos de todo problema que afecte al sistema. De todos modos, los judíos fueron acusados en muchas ocasiones en el pasado de distintos desastres de origen incierto, y seguramente así será también esta vez.
De hecho, mientras que la crisis financiera es de proporciones indudablemente gigantescas, el anstisemitismo despertado por dicha crisis quedó limitado al mundillo de los blogs en Internet. La “Liga contra la Difamación” informó sobre un “ascenso significativo en el número de expresiones antisemitas en las conversaciones por Internet y cuyo tema es finanzas y economía”. El elemento nuevo aquí es la difusión de dichas expresiones por los blogs financieros; está claro que los sitios neonazis, antisemitas o antiisraelíes de todos modos buscan siempre cualquier oportunidad de relacionar sus mensajes de odio a hechos de candente actualidad, y obviamente aprovecharon la actual coyuntura para acusar a los judíos.
La calumnia que más atrajo la atención en Internet fue la que expresaba que directores de Lehman Brothers transfirieron 400 billones de dólares a Israel poco antes de su caída, cuando ésta ya era sólo cuestión de días. Para quien no es economista, cualquier cifra de grandes proprociones es más o menos lo mismo. Lo absurdo de este dislate es, obviamente, que si el Banco hubiese dispuesto de semejante liquidez, no se hubiese producido su caída. Tampoco hay ninguna posibilidad que el sistema bancario israelí hubiese podido absorber semejante suma de dinero, ni siquiera sumas que lejos son menores que la mencionada anteriormente.
El que precisamente avivó la fogata del antisemitismo fue el portavoz del Hamás, Fawzi Barhoum, cuando dijo que la crisis es resultado del “mal manejo financiero y organizacional y de una sistema bancario lamentable, fundado y dirigido por el lobby judío”. Sin embargo tanto él como otros personeros árabes del odio que endilgaron la responsabilidad de la crisis sobre los judíos, quedaron prácticamente aislados.
Los antiguos productos
Entonces, cómo es posible explicar el hecho de que no hubo Tsunami antisemita alguno como consecuencia del terremoto financiero? Hay quienes sostienen que tal terremoto está aún por venir, razón por la cual aún hay que ser precavido. Otra corriente sostiene que el antisemitismo ya se disipó, o que se enbcuentra en proceso de extinción en la sociedad occidental. Este argumento es el equivalente judío al de los pensadores que supusieron que la Tierra era plana, aunque quienes lo sostienen ven en la ausencia de expresiones antisemitas virulentas en estos días una prueba más de la validez de sus teorías.
Una explicación más lógica de la ola – que – no – fue es precisamente otra. Vivimos en una sociedad postmoderna, que se caracteriza por desmenuzar cada tema en sus menores expresiones. La base central del antisemitismo durante dos milenios fue que los judíos, y ahora también el Estado de Israel, son la personificación del mal absoluto. Los motivos de las tres corrientes del antisemitismo – la religiosa, la étnica y la antisionista – son parecidos: los judíos pretenden dominar al mundo (es decir, conseguir dinero y poder), se desesperan por la sangre (en especial la sangre de los niños) y so subhumanos. Sólo que durante los últimos años, estos motivos se fueron subdividiendo en innumerables sub-temas, y también los abanderados del antisemitismo también sufrieron subdivisiones entre ellos, a diferencia de los tiempos de Hitler, cuando la fuerza antisemita era una sola en el mundo.
O en términos económicos: existe un mercado gigantesco para el antisemitismo y los antisemitas, y ese mercado también está sumamente dividido. Un nuevo producto – como lo es la propaganda antisemita ligada a la crisis financiera – debe competir con productos “veteranos” ya existentes en el mercado del odio contra el pueblo judío. La mayoría de los productores del odio dirigen sus dardos propagandísticos contra el Estado de Israel; aquellos que ofrecen su mercadería contra los judíos tienen mayormente una importancia secundaria. La propaganda antisemita relacionada con la crisis financiera, dado que concentra su virulencia más contra los judíos que contra el Estado de Israel, no logró conquistar un segmento considerablemente significativo en el mercado del odio.
Mannfred Gerstenfeld publicó muchos libros sobre antisemitismo, siendo el último en aparecer “Detrás de la máscara humanitaria: los países nórdicos, Israel y los judíos”.





